TRES PATINES ERA DE JAGUEY GRANDE!!!!!

Por Nibaldo Calvo Buides
Así como les cuento mis amigos lectores. El famoso Leopoldo Fernández, más conocido como Tres Patines, es oriundo de la misma tierra que me vio nacer: MUNICIPIO DE JAGUEY GRANDE (provincia de Matanzas, Cuba).
Allí mismo nació Tres Patines, el 26 de diciembre de 1904.
Desde mi llegada a México, en enero del 2007, la gente de acá me ha transmitido muestras de elogios hacia mi paisano Tres Patines, y me cuentan que diariamente lo escuchan en una emisora radial.
Tengo a un amigo mexicano, el doctor Benigno, quien en ocasiones me llama a mi celular, y cuando comienzo a hablarle "a lo cubano" (muy rápido), me dice: "¿Estoy hablando con Tres Patines?", a lo que le respondo: "No, Usted está hablando con Nananina".

MINIBIOGRAFIA DE TRES PATINES
Siendo niño abandonó sus estudios y se puso a trabajar como repartidor de pan, para ayudar a la economía familiar.
Su afán de superación lo llevó a hacerse telegrafista, oficio que luego cambió por el de tabaquero en la pequeña ciudad de Güines, al sur de La Habana.
En 1926 regresa a Jagüey Grande y forma una compañía teatral con unos amigos. El regreso a su ciudad natal coincide con el paso por ella de la compañía mexicana de teatro de Blanquita Gómez, que lo contrata para que se incorpore a la gira del espectáculo por toda Cuba. Tras recorrer América con todo éxito, en 1939 regresa a la Isla y conoce a Cástor Vispo (escritor), a Mario Barral (productor) y a Mimí Cal (Nananina).
Es en 1942 (ó 1941) en que la emisora radial RHC “Cadena Azul” inaugura “La Tremenda Corte”.
Su facilidad para causar la risa en el público que acudía a sus espectáculos, lo convirtió en figura insuperable dentro del teatro popular cubano. S
u secreto estaba en el contraste entre su gracia verbal y su carácter ríspido enmarcados en el rostro poco expresivo y la figura magra. Su fuerza estaba en la palabra, en el chiste repentino o la frase chusca dicha en el momento justo, y que consiste en decir las cosas más hilarantes y disparatadas con sólo mover las manos y sin variar la expresión.
Aunque Leopoldo Fernández era hombre atildado y de pulcritud en el vestir, adornaba sus creaciones con un sombrerito de paja, un delgado corbatín y sacos con rayas verticales gruesas que le daban un toque de aristocracia.
Desde 1959 se fue a vivir a Miami, donde continuó su carrera en el teatro. El genial cómico murió en dicha ciudad el 11 de noviembre de 1985 a los 82 años, pero su personaje Trespatines anda por ahí, en atardeceres y charlas de café de la Pequeña Habana incrustado en la memoria de los nostálgicos, que parecieran cumplir una sentencia del Tremendo Juez y su Tremenda Corte: la de recordarlo por siempre.