EL ARTE DE PERDONAR

Por Lic. Nibaldo Calvo Buides

Enseñemos a perdonar; pero enseñemos también a no ofender. Sería más eficiente.
José Ingenieros (1877-1925)
Filósofo y psicólogo argentino.


Perdonar. Perdonar. Perdonar.
El más duro de los castigos es no pedir perdón cuando hayamos cometido algún error; porque ese castigo se nos “devuelve”, y de él no podemos ni escapar, ni huir, ni olvidar.
Por eso, lo más viable es pedir perdón en el momento adecuado, y de la manera oportuna.
Nuestra grandeza estará en nuestro crecimiento espiritual y material, gracias a nuestras capacidades de reconocer nuestros errores y aprender de ellos.
Es una realidad: existen personas que no tienen la capacidad (o el deseo) de reconocer sus errores, y lo manifiestan mediante actitudes nefastas, como la indolencia, la mentira y la hipocresía.
He conocido a personas que aún sabiendo que están equivocadas, les resultan harto difíciles “dar el brazo a torcer”, y me refiero a personas que no poseen alguna demencia mental que los lleven a actuar en contra de la realidad.
¿Qué hacer para superar la falta de reconocimiento hacia la verdad?
Primero: debemos mirarnos “hacia adentro”, y darnos cuenta que somos seres humanos, y que como tales estamos expuestos a cometer errores, y decirnos: “yo puedo cambiar”, “yo puedo superar ese error”.
Ah!, para reconocer nuestros errores no implica que tengamos que poner nuestras rodillas en suelo, en frente de la persona afectada, para suplicarle que nos perdone.
No, así no. Se trata de darnos cuenta que somos seres humanos y que no nos vamos a minimizar porque lleguemos ante una persona y le digamos: “…reconozco que me equivoqué, actué mal y espero que lo que hice me sirva de experiencia para no volver a cometer ese error…”
¿Decir eso nos cuesta la vida?

Perdonar es el valor de los valientes. Solamente aquel que es bastante fuerte para perdonar una ofensa, sabe amar.
Mahatma Gandhi